ESPECIAL

La pasión de Señor

Juan Señor (26 de agosto de 1958, Madrid), es una de las grandes figuras del fútbol español. Rozando el título de one-club-man, dejó su huella en el Real Zaragoza y marcó uno de los goles que recordará la historia de la selección nacional. Una lesión cardíaca le obligó a dejar el profesionalismo, pero varias décadas después sigue pisando los terrenos de juego zaragozanos con sus amigos. Es cercano, disfruta de la vida y no pierde la ilusión de cumplir uno de sus grandes retos, aquel con el que le brillan los ojos, volver a entrenar un equipo profesional.

Tus inicios.

Mis inicios fueron como los de cualquier chaval. Juegas, te gusta el fútbol, estás en el equipo del colegio, la afición va creciendo, compruebas que haces amigos, que con ellos ríes, lloras, disfrutas, te enfadas… Hay un aprendizaje fantástico para cualquier chaval en desarrollo y promovido además por el deporte, es decir, una actividad sana recomendada a todos los niveles.

“Me intentaron recuperar más tarde para jugar en el Castilla (…). Les di las gracias pero les dije que no”

Llegaste a las inferiores del Madrid, pero no contaste demasiado para ellos.

Yo jugaba en el instituto en categoría infantil y cadete. De repente me llamó el Real Madrid para decirme que quería contar conmigo. Era un premio precioso, pero la realidad es que conté muy poco debido a que era bajito. Por aquel entonces la política del Madrid era la de chicos fuertes, aguerridos, de metro ochenta para arriba. A mí no me preocupaba en esas edades, yo solo quería disfrutar con el fútbol. Disfruté mucho los dos años que me cedieron y en el tercero les dije que yo solo quería jugar, me daba igual cedido o no. El caso es que me intentaron recuperar más tarde para jugar en el Castilla, pues en aquella época había una norma en la que, si pasabas dos años cedido, tus derechos pertenecían al último de esos clubes. Les di las gracias pero les dije que no. Lógicamente, en el último equipo en el que había estado, no tenía categoría senior, por lo que quedé absolutamente libre.

¿Buscabas ser profesional?

No, no. Qué va. Ahí yo solo quería disfrutar del fútbol.

A partir de ahí, llegó mi cuñado y me propuso hacer una prueba en el Ciempozuelos. A mí me daba igual, estábamos de vacaciones. Me dijo que no perdía nada por probar y terminé aceptando. A los cuatro días de la prueba, me comunicaron que me hacían una ficha. Ciempozuelos es un pueblo a unos 40 kilómetros de Madrid y, lógicamente, yo no tenía carné, por lo que me llevaba y traía un compañero. Pero eso sí, en esa época yo ya trabajaba en una empresa de electricidad del automóvil, en una cadena de montaje, porque yo había estudiado una formación profesional. Mi familia era humilde y yo, como el mayor de los hermanos varones, aportaba esa parte. Esta etapa me duró solamente un año porque, al finalizar la temporada, me contactó el Alavés para jugar como profesional en Segunda División.

Aquí sí que querías ser profesional.

Cuando tú juegas, disfrutas, te ven y te hacen una valoración tan buena… No deja de ser un trabajo en lo que más me gusta, aunque yo no lo esperara, que no podía rechazar.

Yo estaba en Vitoria e hice el servicio militar porque me tocaba. Allí me iban dando los correspondientes permisos para poder llegar, porque de otra manera no tenía sentido que me fichara el Alavés. Por esta razón el primer año me costó, ya que tampoco me daban los permisos que necesitaba para llegar a todo. Es por esto que jugué unos cuantos partidos pero no demasiados. Pero en el segundo año, cuando ya estaba terminando el servicio, cogí el hilo y jugué prácticamente todo. Al igual que el tercer año.

Coincidisteis cuatro futuros jugadores del Real Zaragoza en aquel Alavés: Morgado, Valdano, Badiola y tú.

Sí, en la temporada 1978-1979 yo voy al Alavés. Ahí coincidimos los cuatro. Ese año el Real Zaragoza ficha a Badiola y Valdano, mientras Morgado y yo seguimos en el Alavés. Finalmente, a los 2 años, nos volvemos a juntar.

Y aparece el Real Zaragoza con Leo Beenhaker. ¿Cómo se dio esta situación?

Yo estaba de vacaciones y me ofrecieron renovar. En aquella época existía la normativa del derecho de retención, en el cual se decía que si no se llegaba a un acuerdo sobre la ficha con el último club en el que estabas, este tenía unos derechos en función de la edad o los años que habías estado. Me ofrecieron renovar, les dije que no y apareció el Real Zaragoza. Me llamó mi querido Avelino Chaves y me pilló en Ceuta. Quedamos en que cuando volviera de las vacaciones, hablaríamos. Así se pergeñó mi llegada a Zaragoza.

Avelino Chaves.

Era un hombre inteligentísimo. Como buen gallego, sí pero no, no pero sí, pero lo tenía claro. Yo le cogí mucho afecto porque fue a la primera persona que conocí. Y luego me di cuenta de que su visión futbolística era bastante buena, aguantó muchos años por méritos propios. Lo cierto es que era un hombre muy prudente, que hacía su trabajo, que no quería protagonismo y eso es algo a valorar. Todos los seres humanos tenemos un determinado ego, nos gusta que nos digan que guapos somos, que nos den una palmadita en la espalda… Y no nos gusta lo contrario, las críticas. Él era un hombre que pasaba totalmente desapercibido, que se dedicaba a su trabajo y, repito, con un muy buen ojo futbolístico.

Habías jugado en la derecha y, al llegar a Zaragoza, te cambian al interior izquierdo.

En mi época de juveniles jugaba de interior derecho, al igual que en el Alavés. Llego al primer partido con el Real Zaragoza, el cual ganamos en La Romareda contra el Valencia (2-0) y yo juego de centrocampista en el perfil izquierdo. Jugar, da igual la posición, me ponían de todo y aquí (equipo de veteranos en Zaragoza) sigo jugando de todo. La cuestión es mentalizarse: ¿Cuál es tu posición, qué es lo que se requiere? Y a partir de ahí, conocer tus propias características técnicas, físicas, etc. Hoy, por ejemplo, he jugado de mediocentro, cuando con mis años ya estoy para jugar más liberado, en defensa, ya que no se hacen tantos esfuerzos, o para jugar libre en ataque.

Beenhaker me decía, “te pongo de interior izquierdo y al año siguiente de lateral. Y ahora de mediocentro haciendo pareja con Barbas, un argentino, un futbolista fantástico. Y ahora de mediapunta. Y ahora de lateral derecho”. Yo lo aceptaba.

¿Con qué experiencia te quedas de la etapa de Leo Beenhaker?

A mí, muchos entrenadores y muchos compañeros, incluso rivales, me han enseñado multitud de cosas. Principalmente porque yo tenía la mente abierta para aprenderlas. Y cuando digo muchas cosas me refiero tanto a lo bueno, como aquello que yo no haría jamás. En el aspecto positivo, además de Leo, de aquella etapa puedo hablar también de Jorge Valdano. Es un hombre con el que me entendía en el terreno de juego. Él sabía de mis condiciones, yo sabía de las suyas.

Has hablado mucho de Luis Costa.

Luis Costa es un hombre humilde, muy sencillo. Nosotros tuvimos la suerte de contar con él y él tuvo la suerte de contar con grandes profesionales. Ahí se coció una gran temporada, gran ambiente, buen fútbol, una Copa del Rey, un cuarto puesto en la Liga… Luis es un hombre al cual aprecio muchísimo, del que aprendí un montón. Me acuerdo, como anécdota, que él me decía mirando lo mejor para mí y valorándome, “Oye Juan, este viernes no vengas a entrenar”. Claro, yo me entregaba en cada entrenamiento y partido, y llevaba el ritmo de la selección española. Yo le decía, “No míster, no. Porque sino mis compañeros van a pensar que tal…”. Y él me respondía que no pasaba nada, que me tomara un respiro. Claro, me lo decía, me insistía, porque pasaba como ahora, cuando llevas un ritmo muy fuerte entras en las rotaciones y es bueno, porque no puedes quemar al cuerpo. Él lo llevaba por ahí y yo lo llevaba por el dar ejemplo a mis compañeros como capitán, por lo de que por mucho que tuviera, yo siempre estaba al pie del cañón. Esto lo entiendes después, cuando pasan los años.

Juan Señor // Nacho Bonilla
Juan Señor // Autor: Nacho Bonilla

¿Te arrepientes de tu decisión?

No, no, en absoluto. No me arrepiento en ningún momento de lo que he hecho. Sea mejor o peor. Lo que sí sucede, en la reflexión que haces con el paso de los años, es entender el sentido de cada situación. El prisma es muy diferente dependiendo el momento en el que lo piensas.

Además, como yo soy entrenador, a pesar de haber preferido hasta ahora el dedicarme a mí familia, lo entiendo desde su posición. Ahora quiero reengancharme, porque tengo experiencia, una absoluta ilusión y ese espíritu de querer sacar el máximo de mis compañeros. Ellos me dicen, “Oye Juan, dirígenos, háblanos”. Pero no porque sea más guapo, sino porque es algo que llevo dentro. Esto es algo que no he compartido, no he transmitido, no he dicho en voz alta, pero que llevo varios años pensando. Conozco la Segunda División a la perfección, la Primera División también y estoy absolutamente activo. Con muchas ganas de sacar el máximo rendimiento posible, lo cual llegará cuando tenga que llegar.

El Real Zaragoza de Luis Costa, uno de los grandes sin ser Barcelona o Madrid. ¿Cómo se vive una temporada tan exitosa en un club de este tipo?

Éramos un equipo muy querido en muchos sitios. Porque, efectivamente, no eres ni el Real Madrid, ni el FC Barcelona, tampoco eres de la capital ni juegas contra ella. Eres de una gran ciudad, donde aquí no había ni política ni cosas raras, aquí había un club que, dentro de lo humilde que era, porque no estaba entre los 10 primeros presupuestos, sí que era un equipo que tenía muy buen gusto por el fútbol. Quizá por las características de los jugadores que fueron viniendo, por nuestro espíritu combinativo, nuestro espíritu de crecer como futbolistas. De hecho, el Real Zaragoza ha sido un equipo trampolín de muchos futbolistas, por eso era atractivo para cualquier jugador con hambre. Eso, lógicamente, se ha perdido por una mala gestión que viene de muchos años atrás y cuesta recuperarlo. Pero lo cierto es que éramos un equipo respetado y querido, solíamos caer bien a casi todo el mundo. Además, en mi época, yo fui a la selección 5 años seguidos, pero no era el único porque coincidí con un par de compañeros como Güerri, Salva, Pardeza o Belsué, aunque él ya fue un poco posterior.

“Besar el escudo es un gesto que a mí, particularmente, ni me agrada ni me deja de agradar, pero me parece una chorrada”

Buenos futbolistas que duren varios años en un mismo club y dejen huella. De esos que crean conexiones con la afición. ¿Se están perdiendo las grandes figuras en clubes que no son FC Barcelona o Real Madrid?

Claro, aquí se deben tener en cuenta varios aspectos. El fútbol ha cambiado mucho, ya no son clubes propiedad de los socios, sino Sociedades Anónimas Deportivas. Estas tienen, como cualquier sociedad, un ánimo de lucro, unos beneficios, lo cual es lógico. ¿Qué pasa con esto? El futbolista no deja de ser un producto, no es que sea mercancía pero sí una moneda de cambio. Ahora tienes un valor, me interesas. Ahora tienes otro valor, pues igual me interesa coger a un futbolista más joven porque me puede hacer otro papel. Y luego están las exigencias del fútbol, pues ahora es muy difícil, por mucho que se besen el escudo los futbolistas… Yo no digo que no sea verdad. Yo lo que digo es que es un gesto que a mí, particularmente, ni me agrada ni me deja de agradar, pero me parece una chorrada. ¿Por qué? Tú en el momento en el que vienes al Real Zaragoza, o que vas a otro club, ni el escudo ni nada, tú lo que tienes que hacer como profesional es respetar a ese club y dar lo máximo, ahí es donde tú estás besando continuamente, sin hacer el gesto, al club que te paga y ha confiado en ti. A partir de ahí, esas relaciones pueden durar uno, dos, tres o cuatro años.

¿Por qué no duran 10? Porque siempre hay que ser realistas. Las transacciones interesan a unos y a otros. Es comprensible. No hay problema en entender que el fútbol ha evolucionado de una manera en la que es muy difícil centrarte en un lugar, ser reconocido, querido y valorado durante muchos años. Salvo los grandes clubes que llegan a unos niveles que, bueno, hay un alto grado de afinidad entre futbolistas y afición que se convierte en una temporalidad muy alta de ocho, diez o doce años. Es decir, hay una identidad. Pero, ahora mismo, en el 80-90% de los clubes, ya no existe esta identidad. De hecho, si tú y yo pensamos en el Real Zaragoza de hace tres años, igual nos acordamos de la mitad. Si eres muy zaragocista, igual te acuerdas de un 70%. Pero es casi imposible acordarse de todos. Y estamos hablando de 3 años, no nos estamos volviendo locos.

José Ángel de la Casa gritando Gol de Señor. ¿Qué sientes hoy en día?

Si Dios quiere… Bueno, es que esto lo vas a publicar (risas). Pero si Dios quiere, lo volveré a escuchar esta semana. Por eso cuando me lo dices me hace gracia, porque todo el mundo nos relaciona y es maravilloso, es un premio.

Más de 30 años después tienes otros planes.

Mira, en esta vida hay que estar agradecido absolutamente de todo. Es un aprendizaje continuo, una toma de decisiones continua. Y mi decisión de volver a entrenar, claro que no es fácil, pero no me va a ganar nadie ni en ilusión ni en experiencia ni en gestionar un vestuario. Porque un entrenador actualmente lo que debe hacer es eso, gestionar. Cualquier persona dice que va a jugar con un 4-2-3-1, con un 4-4-2 o con una defensa de 5. A tu plantilla tú le das una forma y, entre comillas, una coherencia. Seguro que tú no piensas como yo. Ahora, con ese planteamiento, sea el que sea, lo que debes hacer es que el futbolista crea en él, que se identifique, que se involucre. Por eso no es una cuestión de saber de sistemas tácticos, ni de estudiar mucho al rival, sino de sacar lo mejor de cada uno de tu equipo. Y eso te dará resultados. Si además consigues un buen ambiente de grupo, yo te digo por experiencia que eso se convierte en puntos extras. Marca diferencias en la clasificación.

“Mi decisión de volver a entrenar, claro que no es fácil, pero no me va a ganar nadie ni en ilusión ni en experiencia”

¿Entrenadores con experiencia como jugadores o no necesariamente?

No es necesario, pero indudablemente, te da muchos puntos porque conoces qué es lo que pasa por la cabeza del futbolista, qué siente. Yo no quito ningún mérito a todos aquellos que no han sido jugadores, pues si están ahí es porque se lo han ganado. Pero indudablemente, yo a todos esos entrenadores les diría, “muy bien, con buenos futbolistas”. Pero, por ejemplo, yo he trabajado con jugadores de menor nivel en Segunda o con jugadores a los que tenía que levantar la moral porque llevaban tres meses sin cobrar. Y cuando no cobras, ganes tres o ganes siete, ya que si ganas tres te metes en un piso de tres, si ganas siete te metes en un piso de siete, no llegas a pagar todo esto. ¿Qué ocurre? Tenía que hacer un trabajo enorme para hacerles ver que la única forma de que eso se regulara es consiguiendo ascender a Primera División. Y ahí es donde me gustaría ver trabajar a Mourinho, por ejemplo. Porque para mí, entrenar a un Real Madrid, Manchester City o FC Barcelona, es mucho más sencillo. Pero no es en ningún caso para ponerme ningún broche. Son jugadores de élite con los que, la parte más difícil, es hacerles creer que tienen margen de mejora. Actualmente en el fútbol falta hambre, el no querer conformarse cuando llegas a un determinado nivel.

Por ejemplo, en la pasada temporada del Real Zaragoza, yo no entendía que determinados futbolistas estuvieran. No eran beneficiosos, no tenían ilusión. Y este club lo que necesita son futbolistas con hambre, con ganas.

¿Este año lo ves?

Este año la plantilla está mucho más compensada.

Creaste un campus de fútbol cuando te retiraste, fuiste pionero en este ámbito. ¿Por qué?

Por la pasión que siento por el fútbol. Yo he tenido compañeros que se han dedicado a diversas tareas futbolísticas, pero no les gusta el fútbol. No tienen esa pasión. Lo han convertido en su profesión, ser director deportivo, ser gerente de un club, estar en la secretaría técnica. A lo mejor se expresan mejor que yo o igual tienen una cierta adicción diferente a la mía. Pero lo que yo siento es pasión por el fútbol. Cuando juego, he llegado a donde he llegado y me tuve que retirar por una lesión del corazón. Pero como lo llevo dentro, creé un campus de fútbol que lleva 28 años activo. No había ninguno en España cuando yo lo hice. Mi idea iba un poco en relación con las universidades americanas, que me hubiera encantado transformar España hacia ese modelo, pero claro, aquí es diferente.

Se dice que la formación y educación que se transmite desde el fútbol es cada día mejor. Pero aún así, seguimos viendo insultos o peleas en diferentes encuentros de categorías inferiores. Ahora, en baloncesto por ejemplo, hay lugares en los que los partidos de los más pequeños no se decidirán únicamente por el resultado, sino también por determinados comportamientos. ¿Cómo ves el panorama?

Se tiene que evolucionar en esa forma de educar. Pero claro, esto no es fácil. Como el mundo del fútbol es tan competitivo, ¿a qué padre no le gusta que su hijo llegue? Lo que pasa es que esto mismo se confunde muchas veces con el saber estar o con el comportamiento en la derrota. Yo soy de los que pienso que la derrota enseña infinitamente más que una victoria, pero aceptarla no deja de ser un aprendizaje. En ese continuo aprendizaje es donde los padres tienen una tarea importantísima. Pero no se trata de marcar unas normas, sino de, como me decías con el baloncesto, valorar no solo el resultado, sino el comportamiento en general. Y tristemente siempre quedarán casos de este tipo, pero yo creo que cada vez menos. La evolución del deporte en este país va a mejor, de hecho yo he tenido compañeros a los que les ha faltado orientación y ahora, en la actualidad, están mucho mejor formados, incluso hacen sus carreras además de ser jugadores profesionales, etc.

Has nombrado el “entrenamiento invisible” en diferentes ocasiones. ¿Qué es?

Es el generar o fomentar que en la mente del futbolista haya pensamientos positivos y la justa autocrítica. Hay técnicas que se pueden trabajar para generar todo aquello que te va a hacer crecer como futbolista. Pero lo primero de todo es la predisposición de la persona con la que vas a trabajar, no deben hacerlo de manera obligada.

*Contenido gratuito.

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