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Oportunidades

El deporte profesional es un sendero de encrucijadas. Dicen que la madurez llega con las responsabilidades, y éstas, del compromiso con tus decisiones. El problema aparece cuando hay que tomarlas en un limbo entre dos mundos a priori excluyentes. Nadie debería tener que decir entre el blanco y el negro, por lo que la irrupción del gris no sorprende a nadie. 

 

Son encrucijadas de la misma causa, y en el baloncesto español, cada vez más con el mismo destino. Se produce cuando la etapa formativa avista su final y la profesional, aunque borrosa, el principio. El contexto de chicos y chicas en ese paso fronterizo es diverso, pero con un punto en común: la voluntad por conciliar ambos mundos. 

Por ello, el mantra se repite. 

  • ¿Por qué decidiste ir a Estados Unidos?
  • Para compaginar deporte y estudios.

Da igual división, nivel de la universidad o jugador. La edad de los protagonistas requiere valentía, pero no está reñida con el sentido común. La NCAA ofrece la oportunidad de estudiar y practicar deporte de alto nivel con facilidades que cimentan tu condición de deportista de proyección. Simple y diferencial, aunque en España sea complicado. 

Hablamos de adentrarnos en un universo donde todo gira en torno a ti, y no al revés. Donde en marzo alcanza una dimensión especial, única en el mundo, y que no todos pueden vivir. 

Es la locura, literalmente. Una atmósfera que envuelve el baloncesto durante un mes para convertirlo en un fenómeno sociocultural difícilmente descriptible, incluso para aquellos que han pasado por ella. Es el March Madness, el torneo del KO por excelencia, fuente de historias con la premisa de desafiar toda lógica. 

Cuando la historia de la competición te demuestra que lo extraordinario es rutina, las metáforas son interminables. Porque al final, el Madness es el pulmón de una forma de vida. Un viaje por todo el país para descubrir talentos encaminados a marcar el futuro del baloncesto. 

En noviembre es sueño y ambición de más de 300 universidades. En marzo sólo quedan 64 (ver mapa interactivo de los españoles en el March Madness). Un premio a la temporada y, en nuestro caso, a la valentía, la pasión y el trabajo de decenas de chicas y chicos que se aventuran a dejar sus familias atrás por perseguir su sueño.

Pioneros

El mundo del baloncesto es una red de revoluciones que avanzan o se olvidan con el paso de los años. Una especie de selección natural deportiva en todos los ámbitos. En el juego, la revolución en búsqueda de los tiros de 3 puntos está marcando el ritmo. Fuera de la cancha, las puertas parecen abrirse más año tras año. Ya no es extraño encontrar más extranjeros que nacionales en la ACB, al igual que tampoco lo es ver europeos en la NBA. Jugadores como Fernando Martín, Arvydas Sabonis o Gunther Benkhe entre otros, lograron derribar un muro que se mantenía férreo hasta la fecha (años 80), mientras que Dirk Nowitzki, Pau Gasol y compañía continuaron el camino trazado por los pioneros, construyendo un legado que quedará inmortalizado el día que decidan colgar las botas.

Un poco más tardaron en llegar las españolas a la WNBA. Trece años después de que Fernando Martín volara hasta Portland, Amaya Valdemoro y Betty Cebrián hacían lo propio en Houston y Nueva York respectivamente, convirtiéndose así en las pioneras de una lista que ha ido aumentando con el paso de los años (Marina Ferragut, Elisa Aguilar, Isa Sánchez…).

Si algo tenían en común todas estas generaciones que se adentraron en un mundo desconocido para los europeos, era la valentía y ambición de querer jugar donde, hasta entonces, muy pocos lo habían conseguido. Un caso similar al de las primeras generaciones (la “Generación del 76” es buen ejemplo) de españoles que pisaron la NCAA en los años 90, territorio virgen hasta entonces y que ha sufrido multitud de altibajos hasta 2019.

Tesoro gallego

«Llevo casi veinte años trabajando con categorías de base y nunca he encontrado un jugador o jugadora con la ambición que ella tiene». De esta manera definía Javier Fernández, entrenador del Peleteiro, a Blanca Millán en La Voz de Galicia (2016).

 

En esos tiempos de expediciones al otro lado del charco, nacía en Santiago de Compostela la segunda hija de los Millán Modia, una familia que llevaba, y hoy en día sigue llevando con más motivos todavía, el basket en las venas. Blanca (1998) comenzó a jugar a baloncesto en su colegio, el Manuel Peleteiro, cuando cursaba segundo de primaria. Su hermana mayor, Silvia, había nacido un año antes, pero no era la excepción, también comenzó a tirar a canasta bien temprano.

ADM Peleteiro

Destino, casualidad o camino buscado conscientemente, ambas cayeron en manos de una de las mejores canteras de baloncesto en Galicia. Quizá, por esta misma razón, su trayectoria ha seguido un guion diferente al de las mejores de su generación en España. Raro es encontrar una jugadora entre el, por decir un número, TOP-20 de su generación, que no haya cambiado de equipo en su propia ciudad o fuera de ella, como es la opción del programa Segle XXI, en su etapa de formación.

Blanca se formó y creció en un mismo entorno durante toda su infancia y adolescencia. Tan solo salía en momentos puntuales, con las llamadas de Galicia o España para jugar torneos de selecciones. Diversas propuestas consideradas como premios a esa constancia y trabajo que culminó al regalar auténticas exhibiciones en competiciones domésticas y Campeonatos de España, con la edición de 2015 como momento culmen.

En el primer encuentro, 7 de valoración (su hermana fue la más valorada en la derrota del Peleteiro con 13 de val.). En el segundo, 24 puntos, 20 rebotes y 41 de valoración. En el tercero, la explosión final, 37 puntos, 30 rebotes y rozando los 50 de valoración. En ambos encuentros, secundada por su hermana Silvia como siguiente jugadora más valorada. La familia Millán Modia, en un escenario muy especial, ya había dejado claro que tenía algo diferente. Aquel mes fue el inicio de un proceso que ha ido in crescendo desde 2015. Los focos mediáticos se han ido posicionando sobre Blanca paulatinamente, con un amplio abanico de elogios y un desbordante orgullo local.

En su último año en el colegio, momento en el que ya había aceptado una propuesta en el extranjero, decidió escribir una emotiva carta para todos los que le habían ayudado durante su paso por la entidad gallega. A ella le sirvió como despedida y agradecimiento, al resto como prueba de la madurez que irradiaba.

“Quería dar las gracias a mis compañeros y compañeras de equipo, en mi casa hay una frase que dice “tenéis que ser por lo menos 8 para llegar al pabellón y 5 para salir a la pista, tú sola no eres nadie” así que gracias a tod@s, sin vosotr@s hubiera sido imposible jugar y todos sabéis cuánto me gusta hacerlo”

Carta de despedida publicada en la web del colegio Peleteiro

En total, 4.716 kilómetros de distancia. Ese mismo camino, kilómetro arriba, kilómetro abajo, que habían emprendido Amaya Valdemoro y Betty Cebrián durante los primeros meses de vida de Blanca. La NCAA le esperaba con las puertas abiertas.


America East Conference

Recibió 8 propuestas, pero la Universidad de Maine se llevó el gato al agua. Un lugar donde la presencia europea está muy bien valorada, cuestión que Blanca me deja clara: “La prueba evidente es que siempre ha tenido jugadoras europeas en sus equipos. Incluso en el equipo de chicos, también fichan jugadores europeos. Ahora mismo somos 6 chicas, aunque hemos llegado a ser 8 en algún momento, y también hay 6 chicos europeos”.

A pesar de que pueda parecer un auténtico sueño, que lo es para la gran mayoría de deportistas que hace las maletas y se marcha, la vida cotidiana es tan dura como el proceso para llegar ahí: “Reparto mi tiempo entre clases y entrenamientos cuando estamos en el campus. Me levanto muy temprano y voy a clase. A veces, entre clases, voy al gimnasio o hago tratamiento. Incluso puedo hacer alguna sesión de tiro. Y por las tardes toca pista, trabajo individual, sesiones de tiro si no lo hago por las mañanas…”

“En ocasiones, nos pasamos una semana fuera, lo que implica viajes, hoteles, entrenamientos en las ciudades donde jugamos, partidos y vuelta a casa. Incluso fuera de casa, siempre hay un rato para estudiar”

Blanca Millán sobre su rutina

Y cuando la aparente calma del final del día llega, todavía queda lo más importante, estudiar. Una rutina que no siguen a rajatabla durante la temporada: “Por la tarde-noche tenemos que aprovechar para estudiar. Durante la temporada viajamos mucho, y en ocasiones, nos pasamos una semana fuera, lo que implica viajes, hoteles, entrenamientos en las ciudades donde jugamos, partidos y vuelta a casa. Incluso fuera de casa, siempre tenemos un rato para estudiar”.

En esta ocasión, 10 chicos y 69 chicas comenzaron la temporada en NCAA I, la categoría más alta del basket universitario en Estados Unidos. Blanca afirma que en España “falta un poco de ayuda a nivel académico”, mientras que en el caso de Main, “si no vas a clase y no estudias, no apruebas, pero los profesores saben quienes somos atletas, por lo que son más flexibles a la hora de entregar trabajos o mover un examen si estás viajando para jugar. También tenemos organizados los entrenamientos en función de las clases. Profesores y entrenadoras están al tanto y eso facilita las cosas”. Esa compatibilización de deporte con estudios no es sencilla, pero la universidad pone todo de su parte para que sea posible. Es una de las razones por las que el éxodo de españoles aumenta temporada tras temporada.

Blanca jugará el March Madness 2019, otro pequeño sueño cumplido. Los focos de la gran potencia mundial del baloncesto se centrarán durante unos minutos en su equipo, una oportunidad para que la gallega siga ganando adeptos a su juego. La familia Millán Modia continuará sonriendo, nosotros no cesaremos en apostar por un talento muy especial. Sin duda, Santiago de Compostela puede estar orgulloso.

Fuga de talento

Sueños desde un lado del muro, problemas importantes desde el otro. La suma de chavales que optan por vivir el “American Dream” ha dejado al desnudo secciones de dos estructuras bien diferentes que deberían ir de la mano: el baloncesto de formación y la educación española.

Lamentablemente, no es extraño abrir un medio de comunicación o una red social y encontrarse algún deportista levantando la voz, con el simple pero difícil objetivo de pedir un poco más de ayuda en la compatibilización de sus estudios con el deporte. No se exigen ventajas respecto al resto de compañeros, sino una pequeña ayuda para poder coordinar ambas actividades. El caso de jugadoras profesionales deja en evidencia que algo hay que cambiar. Vega Gimeno, jugadora internacional de baloncesto y protagonista en TGP en 2017, anunciaba con gran satisfacción hace unos días que había terminado su carrera universitaria. Tiene 28 años y no pudo realizar la que ella deseaba (Ingenieria Biomédica, la cual sí pudo estudiar en su año en la NCAA), ya que en España cuenta con una fase presencial vital e inamovible a la que, teniendo en cuenta su trabajo en las pistas, le era imposible acudir.

Este problema se agrava en su caso y en el de la gran mayoría de profesionales del deporte femenino o minoritario, pues una vez terminadas sus trayectorias como deportistas, no cuentan con el dinero suficiente como para convertirse en personas sedentarias. Cuando la vida deportiva se termina, comienzan al instante una nueva etapa profesional, en la que deberán ganarse la vida con otros trabajos, ya sean relacionados con el deporte, con su título universitario o, en el peor de los casos, con aspectos en los que no han sido formados. El tiempo no espera a nadie.

Sin embargo, los deportistas no son los únicos que sufren estos problemas. Los clubs españoles, tras años y años de formación de jugadores, tienen las manos atadas en el momento clave, esa última etapa de construcción del juego en la que el jugador debe convertirse en sénior (lo que implica el profesionalismo en algunos casos). Los clubs no pueden ofrecer nada que se acerque a lo ofertado desde Estados Unidos, por lo que una gran cantidad de jugadores optan por saltar el charco, lugar en el que siguen su formación en el baloncesto y se aseguran salir con un buen nivel de inglés, además de un título universitario. Para conocer mejor este tema hablamos con Manuel Pérez Pardos, Director Deportivo del Mann-Filter Stadium Casablanca. Un club que conoce el tema de primera mano, pues recientemente dieron el salto a la NCAA tanto Ana Tainta (jugará el March Madness) como Raquel Terrer.

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Por ello, el mantra se repite. 

  • ¿Por qué decidiste ir a Estados Unidos?
  • Para compaginar deporte y estudios.

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